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El arquitecto Enric Miralles muere a los 45
años
Anatxu Zabalbeascoa
Barcelona
El País Digital
5.07.00
Enric Miralles (Barcelona, 1955), el más prometedor entre los
arquitectos españoles, falleció ayer en Sant Feliu de Codines (Barcelona) a causa de un
tumor cerebral. No podrá ver construidas algunas de sus mejores obras: el Parlamento
escocés, el Ayuntamiento de Utrech, el rascacielos que serviría de sede para, Gas
Natural y la reconversión del mercado de Santa Caterina, ambos en Barcelona. En su
fructífera trayectoría figuran desde colegios, centros cívicos, pabellones deportivos y
viviendas hasta restauraciones, intervenciones urbanísticas o creaciones efímeras. Enric
Miralles será enterrado hoy, a las cinco de la tarde, en el edificio que le dio fama
internacional, el cementerio de Igualada.
Enric Miralles había dicho que su idea de la felicidad era "la conciencia del paso
del tiempo". La paradoja de la profesión de plazos largos que eligió es que el
arquitecto no podrá ver levantados los edificios que con tanto detalle había imaginado y
dibujado. Ha muerto mientras construía algunos de los más importantes edificios de su
fructífera carrera, como el Parlamento escocés o el Ayuntamiento de Utrecht. Enfermó el
pasado mes de marzo a causa de un tumor cerebral y, tras someterse a una delicada
intervención quirúrgica en Estados Unidos, había regresado a Barcelona hacía dos
semanas. En Barcelona, precisamente, se concentra la mayoría de los proyectos que el
estudio tenía planeado comenzar a construir de inmediato, entre otros: el rascacielos que
servirá de sede para Gas Natural y la
reconversión del mercado de Santa Caterina, en la que tanto empeño había puesto. Hasta
el domingo por la tarde Miralles estuvo despachando con Josep Antoni Acebillo, arquitecto
del Ayuntamiento de Barcelona. Pese a que se conocía la gravedad de su enfermedad, su
repentino fallecimiento cogió por sorpresa incluso a sus más allegados. El alcalde de
Barcelona, Joan Clos, destacó su especial aportación a la ciudad al ser uno de los
"padres arquitectónicos" del futuro complejo urbanístico que se levantará con
motivo del Fòrum 2004.
Un hombre excesivo
A los 15 años, Enric Miralles tuvo que elegir entre el baloncesto profesional y la
Escuela de Arquitectura. Poco podía imaginar aquel adolescente que la profesión de
arquitecto lo alzaría a mayor altura que las canastas de su deporte favorito. Como su
propia arquitectura, Miralles era un hombre excesivo, extraordinario y vitalista. Con
sólo 45 años, consiguió lo que todos persiguen y muy pocos logran: construir un
lenguaje propio en el que el paisaje dictaba la forma de sus edificios. Tras abandonar el
estudio de Helio Piñón y Albert Viaplana -con quienes construyó la plaza dels Països
Catalans, la más aplaudida de las llamadas plazas duras barcelonesas-, y asociado a la
arquitecta Carme Pinós, Miralles construyó proyectos rupturistas como el Pabellón de
Gimnasia Rítmica en Alicante, la escuela de Moraira, el campo de tiro con arco -levantado
en Barcelona para los Juegos Olímpicos de 1992- y el Palacio de Deportes de Huesca. Fue,
sin embargo, el cementerio de Igualada, un camposanto enterrado en la montaña, el que
reportó al estudio una extensa e imparable reputación internacional.
Los primeros años noventa marcaron así el inicio de una carrera ascendente que llevó al
arquitecto a dar clase en las más prestigiosas escuelas del mundo (desde la Universidad
de Harvard hasta la de Columbia, pasando por la de Francfort, la Architectural Association
de Londres y la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona) y a construir en muchos
países. Desde entonces, y al lado de Benedetta Tagliabue, Miralles ha diseñado los
proyectos que, a juicio de la crítica, lo consagran como uno de los más brillantes
arquitectos del planeta. La colorista Escuela de Música de Hamburgo, que él mismo había
calificado de "edificio absorbido por el bosque", se inauguró el mes pasado.
Otros proyectos, como el Ayuntamiento de Utrecht, en Holanda, y el buque insignia del
arquitecto: el Parlamento escocés en Edimburgo, se inaugurarán a finales del año
próximo. También en Venecia se levantará un edificio de Miralles: el estudio ganó el
primer premio para construir la nueva escuela de arquitectura de la ciudad en la que
estudió Benedetta Tagliabue, socia y esposa del proyectista.
En España, el despacho Miralles & Tagliabue tenía previsto comenzar a construir, a
finales de este mes, la reordenación del campus universitario de la Universidad de Vigo,
y la reconstrucción del antiguo mercado de Santa Caterina, un proyecto muy querido por
Miralles, vecino del barrio barcelonés, que llamó a su hija Caterina. Barcelona, su
ciudad natal, verá erigirse muchos de sus proyectos futuros. El parque Diagonal Mar
llevará el sello del arquitecto, y también el nuevo edificio para la sede de Gas
Natural, frente al puerto de Barcelona, que será su primer rascacielos, un proyecto que
Miralles sólo alcanzó a imaginar, pero que servirá para que la ciudad lo recuerde para
siempre inventivo, osado y con la vista despejada, formando un nuevo paisaje frente al
mar.
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