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La vanguardia revitalizada
William Niño Araque,
El Nacional online
Caracas, 27/05/00
Una exposición itinerante durante cinco años propone
difundir internacionalmente la obra de Carlos Raúl Villanueva, un "desconocido
creador" para el autor del ensayo del que presentamos un fragmento.
William Niño Araque transita por los espacios y las ideas de este gran venezolano del
siglo XX e invita a mirar su legado arquitectónico.
Con el definitivo acceso a lo plenamente moderno, la
arquitectura de Villanueva gana confianza en los gestos rotundos y renuncia a la
complacencia de una arquitectura culta. A lo largo de cuatro décadas, Villanueva
exorcizó los riesgos de un regionalismo a ultranza y se distanció filosóficamente del
ansia de la originalidad. Su obra incorpora el espacio celebratorio del propio medio al
descubrir la tropicalidad de un país que se la había ocultado a sí mismo, a raíz del
academicismo y de la arquitectura moderna internacional. Tal descubrimiento consignó la
clave de una reformulación espacial que marcó una referencia para la arquitectura
moderna en Venezuela.
Desde los museos neoclasicistas hasta la escuela Gran Colombia; desde la reurbanización
de El Silencio hasta el Hospital Universitario y la Facultad de arquitectura; desde la
ampliación del Museo de Bellas Artes hasta su propuesta para los Cubos de Montreal, se
percibe la evolución de un lenguaje plástico y tendencias artísticas que incorporan
desde un vocabulario Tnico y personal la arquitectura venezolana en el corpus de la
arquitectura internacional, y es en esos momentos culminantes donde se fragua el inicio de
un pensamiento arquitectónico en Venezuela.
El énfasis en la estructura como un laboratorio de construcción que perpetúa la forma
arquitectónica es fundamental para entender su perspectiva de lo moderno; verdadera,
descarnada, robusta y material, la propuesta estructural se presenta como el primer reto
que signa la concepción propiamente arquitectónica. Su proximidad al hecho constructivo
propone en apariencia un distanciamiento de los requisitos estéticos, que no es otra cosa
que la definitiva renuncia al estilo como manera de aproximación arquitectónica.
Paradójicamente su renuncia al estilo internacional, representa la fuerza que adquiere lo
matérico y la utilización más descarnada de su opuesto: el vacío, la esencia de la
tropicalidad atrapada en la temperatura, la penumbra y el color.
Progresivamente sus edificios se detallan de una manera cruda, buscando a través de
"lo descarnado radical", una esencialidad más pura para construir la tesis de
lo arquitectónico. En él lo plenamente moderno trata la transformación de una
concepción visualista a una situacional. La obra de Villanueva representa la culminación
del intelectual idealista y del artista romántico, representa también el inicio de un
nuevo tiempo fundamentado en el sincretismo. A inicio de los años 50, Villanueva rechazó
todas las formas ofrecidas por el estilo internacional. Junto con Luis Kan, Lúcio Costa,
Oscar Niemeyer, José Antonio Coderech y Luis Barragán, amplió el horizonte de la
arquitectura moderna, fijando la atención hacia la historia, la realidad geográfica, el
clima, la herencia de lo vernacular y la tradición.
Villanueva pertenece a una "segunda generación" de arquitectos modernos
internacionales que demuestran cómo el proyecto de las vanguardias al aplicarse en
Latinoamérica en condiciones totalmente distintas a las que dieron su origen en Europa se
revitalizó y humanizó. Villanueva no propuso una fórmula arquitectónica, sino un
método armonizado en la base cultural de una nación con geografía propia. En su obra,
historia y modernidad no son antagónicas. A partir de 1945 evoluciona desde una
modernidad abstracta y autónoma, hacia una modernidad figurativa que se enriquece con la
mímesis de lo vernacular y de la historia real. Sobre un soporte cartesiano y
estrictamente racional introdujo las situaciones más inesperadas como fundamento de una
poética tropical e irrepetible. Superando la polaridad en la que se había construido la
estética del siglo XX: La lucha entre la abstracción y la mímesis.
"El arquitecto posee hoy una conciencia histórica de su función. Por tal razón
luchará constantemente para que se le reconozcan sus facultades catalizadoras, sus
percepciones anticipadoras, sus naturales atribuciones de creador (...) El arquitecto no
puede conformarse con ser un simple traductor, mecánico y pasivo. (...) El arquitecto
deber ser crítico y acusador. En su obra aumentará así el valor de rescate y de
previsión. Condensando, podría dar la siguiente definición: el arquitecto es un
intelectual por formación y función. Debe ser un técnico para poder realizar sus
sueños de intelectual. Si tales sueños resultan particularmente ricos, vivos y
poéticos, quiere decir que a veces puede ser también un artista (...) Considero que el
medio expresivo específico de la arquitectura es el espacio interno, el espacio fluido,
usado, gozado por los hombres. A partir de la invención esencial del espacio como lugar
privilegiado de la composición, como clave secreta de todo el proyecto, se articula la
caja volumétrica. Se concreta la estructura portante. Vibra con el color y la textura.
Vive con las pulsaciones de las instalaciones de energía, con los movimientos de los
servicios mecánicos. Creo en las virtudes cartesianas de la lógica y de la coherencia.
Su aplicación al proyecto es una ley de supervivencia. (...) Creo en una arquitectura que
parta de la realidad, que elabore una interpretación crítica de ella y que vuelva a la
realidad, modificándola, con dialéctica incesante. (...) Creo que el arquitecto debe ser
un humanista. Su visión debe ser global, universal y por lo tanto local. En efecto, nadie
podrá entender lo accidental sin antes haber descubierto los grandes rasgos de lo
esencial".
Son algunas citas que recogen el pensamiento de Villanueva. En 1975 muere en
Caracas a los 75 años de edad.
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