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La
arquitectura de siempre
Arq. Luis J.
GrossmanEsta
es, palabras más o menos, una clase dictada a comienzos
de los años setenta, cuando la facultad se acababa de
instalar en el segundo piso del Pabellón 2 (hoy Facultad
de Ciencias Exactas) mientras se construía la que es su
sede actual.
Las
razones que me impulsaban para abordar el tema -que
podría designarse como "Arquitectura vernácula, o
natural, o espontánea"- eran varias. Por una parte,
acababa de realizar mi primer viaje a Europa, donde,
mientras pasábamos de uno a otro monumento esencial de
la historia de la arquitectura, pude admirar pequeños
poblados y aldeas (centenarios unos, milenarias otras)
que excitaba la curiosidad de un joven profesional.
Por la otra, había llegado a mis manos un ejemplar de
"Architecture without architects", un libro de
Bernard Rudofsky, arquitecto, ingeniero y crítico, que
abría nuevos panoramas para quienes sólo habíamos
ingresado en la "gran arquitectura", aquella
que se ilustra y comenta en los grandes tratados y
enciclopedias.
El libro de Rudofsky fue más tarde publicado en español
por la Editorial Universitaria de Buenos Aires gracias a
una traducción realizada por el arquitecto Raúl Grego
(1973).
Si examinamos
desapasionadamente lo que nos enseña la Historia de la
Arquitectura que se dicta en las escuelas y facultades,
observamos que no abarca más que algunas culturas y, en
cuanto a su implantación, se limita a una parte reducida
del planeta.
Se escribe y se habla de "monumentos
arquitectónicos", y los ejemplos que se reproducen
corresponden por lo general a construcciones que celebran
el poder y la riqueza, desconociéndose por completo los
rasgos y las peculiaridades de las casas habitadas por
aquellas poblaciones, lo que Rudofsky llama sin
eufemismos "las casas del pueblo".
Y esto, para los estudiantes y los estudiosos, puede ser
una omisión lamentable cuando -como trataré de mostrar
hoy- esas casas contenían valores ponderables y
cualidades dignas de análisis, ya que muchas de ellas
pueden verse todavía hoy como testimonio del vigor y la
calidad de esa arquitectura no formal.
Hay otro
libro cuya lectura recomiendo, "Antes de la
arquitectura" de Myron Goldfinger, donde el autor
realiza la crónica ilustrada de un recorrido por las
costas del Mediterráneo y su asombro y admiración por
las construcciones y conjuntos urbanos que encontraba a
su paso.
Como lo expresa Goldfinger, si aquellas fascinantes obras
fueron realizadas antes de que hubiera un registro
ordenado y criterioso, ni siquiera tienen una
denominación específica. Por eso se las designa -según
los casos- como arquitectura anónima o espontánea,
vernácula o natural o informal.
También es obvio que no haya planos ni más
documentación gráfica que las fotografías o croquis
tomados por viajeros que no siempre tienen formación en
el campo de la construcción. Muchas de las
reproducciones que me cautivaron para profundizar en este
campo fueron obtenidas por los fotógrafos del National
Geografic Magazine.
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