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Un
neologismo válido: La expomanía
Arq. Luis J. GrossmanComo Juan
Carlos Grassi, director de la editorial Ferias y
Congresos, es uno de los expertos que mejor domina su
materia, me parece interesante examinar algunos números
que nuestro amigo expone y que indican inequívocamente
una tendencia. Tendencia que habrá que analizar y
encarar los medios para dar respuesta a los
requerimientos que esa tendencia comporta.
Para despejar este aparente galimatías lo mejor será
reproducir lo conversado con Grassi e intentar después,
si cabe, extraer las conclusiones que sirvan para obtener
algun provecho de la lectura de estas líneas.
La primera noticia indica que el año 1998 fue récord en
materia de congresos, ya que se realizaron en total 1.012
congresos, casi el doble de lo registrado en 1993, año
en el que se llevaron a cabo en la Argentina 539
congresos.
Este avance llama la atención porque acontece en solo
cinco años y tiene, en los tiempos recientes, algunos
ingredientes negativos como la crisis mexicana primero y
la de Asia después. Pero hay otro dato que debe ser
atendido y es el que indica que el total de asistentes a
esos más de mil congresos fue de casi medio millón de
personas (para ser exactos, Grassi anota: 479.850
personas) sin contar a los acompañantes.
Según los datos estadísticos que enarbola nuestro amigo
a modo de trofeo, la duración promedio de los encuentros
fue de 3 días; el promedio de asistentes por congreso
fue de 493, y cada uno debió pagar para inscribirse un
promedio de 203 pesos.
Entre todos los congresos, hubo ciento once con una
asistencia superior a las 1.000 personas, información
ésta que -a mi modo de ver- reclama la atención de
profesionales y funcionarios de los gobiernos
municipales, ya que deberán resolverse racionalmente las
demandas de espacio adecuados para el eficaz desarrollo
de esta clase de encuentros, muchos de ellos de carácter
internacional (hay que recordar que 58 congresos fueron
de este tipo).
Razones
de la expomanía
Algunos tal vez se pregunten, habiendo hasta ahora
hablado de congresos a qué viene el neologismo del
título. Pero convengamos que, de otra manera, en un
congreso se exponen ideas y propuestas de avanzada. No es
casual que un conferencista diga que va a "exponer
un tema".
De todos modos, el mismo asombro que provocan las
referencias recién resumidas es el que se experimenta al
hablar de las exposiciones, ya que fueron 319 las
realizadas el año pasado con una concurrencia total de
casi nueve millones de personas (otra vez viene Grassi
con datos precisos: en 1998 se registraron en las ferias
8.961.259 visitantes).
Hubo 36.355 empresas expositoras (un 23,34 por ciento
más que en 1997) y la inversión publicitaria alcanzó
un total de 469.324.134,93 dólares, lo que representa un
aumento del 22 por ciento respecto al año anterior.
Hay que reiterar aquí que estas metas se alcanzaron
mientras los diarios y los boletines televisivos hablaban
constantemente de la crisis asiática o del "efecto
arroz".
Es cierto que, para muchos expertos, en momentos de
dificultades para los negocios los empresarios se ven
obligados a ir en busca de su clientela potencial, lo que
tiene como respuesta a las exposiciones temáticas. Es la
única posibilidad de mostrar las ventajas de un
producto, sus características sensoriales (difícilmente
reproducibles en un aviso gráfico o televisivo) al
tiempo que se dialoga frente a frente con el interesado.
También es destacable que, por lo general, todos los
predios feriales mejoraron sus infraestructuras y se
avanzó en el profesionalismo y la especialización
temática, que es un rasgo cada vez más difundido.
Cuál
es el límite?
Un tema que habrá que dilucidar para afrontar las
exigencias crecientes de este mercado en expansión es el
de los límites cuantitativos (tamaños, cantidad de
asistentes, alojamiento, etc.).
Los arquitectos hemos experimentado en Barcelona (hace
menos de tres años) los problemas ocasionados por un
congreso que reunió a más de diez mil concurrentes,
rebasando así las previsiones del comité organizador y
poniendo en serio peligro la propia realización del
congreso (se trataba de la reunión de la Unión
Internacional de Arquitectos - UIA).
Ante la falta de lugares apropiados para concentrar
semejante cantidad de personas, se resolvió hacer las
sesiones en el estadio San Jordi del Montjuich, lo que
volvió a distorsionar la esencia de un congreso, esto
es, la posibilidad de reunirse, dialogar, debatir,
aprender y enseñar, para un número de profesionales de
distintas procedencias y culturas.
Por eso, impresionado por las cifras que nos dio a
conocer Juan carlos Grassi, me pareció oportuno convocar
a colegas y especialistas para estudiar los alcances y
los límites razonables para una actividad que corre el
peligro de arrinconar a la gallina de los huevos de oro.
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