El Día de la Arquitectura Arq. Luis J. Grossman Lunes 4 de Octubre de 1999 El tema a ser desarrollado durante la tarde de la jornada del 4 de octubre (Ideas y aportes para un Manifiesto del 2000), surgió a partir del eco provocado por una nota publicada por el suscripto el 21 de abril de este año en el Suplemento de Arquitectura del diario La Nación. En efecto, ese artículo, titulado "De dogmas y manifiestos" partía de una propuesta de la delegación danesa en el Festival Internacional de Cine Independiente realizado en Buenos Aires denominada "Dogma 95"- y terminaba diciendo que: No obstante, hay que admitir que hubo más de cuatro décadas (en el campo de la arquitectura y el planeamiento) sin planteos de semejante nivel ni manifestaciones que revelaran osadía o repudio. Tal vez por eso nos sentimos tan tocados por las expresiones agudas y provocadoras del Dogma 95. A nadie se le ocurre que a partir del 4 de octubre contaremos con un cuerpo teórico actualizado para enfrentar los desafíos de la sociedad en el próximo milenio. Se trata, sí, de comenzar a indagar en búsqueda de eso que se puede calificar como El grado cero de la arquitectura y dejar para el debate o la investigación puntos concretos que contribuyan para abrir el panorama tanto a los arquitectos como a los estudiantes (que son quienes tienen una mayor orfandad en el campo de las ideas mientras reciben gran profusión de imágenes). La jornada comenzó por la mañana con un tema central: La Etica, y con la participación de figuras relevantes. Hubo una conferencia central a cargo del profesor Carlos Cullen, filósofo, que compuso una pieza de excepción para ilustrar el núcleo de la cuestión. Alguien había dicho, en las palabras introductorias (que pronunciaron Jorge Glusberg como dueño de casa en el Museo Nacional de Bellas Artes-, Enrique García Espil en nombre del Jefe de Gobierno de la Ciudad, Fernando de la Rúa, y el arquitecto José Antonio Urgell como presidente del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, organizador del encuentro) que "la ética nos estalló en la cara". Al dar la palabra al profesor Cullen, Urgell sentenció, con referencia al tema central, que "las ciudades tienen la arquitectura que se merecen". Cullen se refirió al compromiso existencial de hombre con el espacio, y a la incoherencia que se da entre lo que se dice y lo que se hace. Propuso ver a la Arquitectura como metáfora de la Etica y citó a Aristóteles: "La política es la arquitectónica de la Etica", para concluir que "en una ciudad buena es más fácil ser un hombre bueno". Para consolidar sus reflexiones, el profesor Cullen utilizó tres metáforas: el Agora, el Mercado y la Autopista, lo que le permitió será bueno reproducir el texto de su disertación- referirse a "la configuración del espacio ético". La mesa que siguió tuvo momentos de gran altura intelectual gracias a la participación de personalidades como la del doctor Marcos Aguinis, el arquitecto Eduardo Cunha Ferré (presidente de la Fadea) que deploró que en la Argentina existan 50 códigos de ética, Ramiro de Casasbellas (como siempre, agudo y ácido en parangones con la política nacional), y el abogado Eduardo Padilla, asesor letrado del CPAU, con su experiencia cotidiana con los problemas éticos entre los arquitectos y la sociedad, y de arquitectos entre sí. Después del mediodía, la cuestión en debate fue "Ideas y propuestas para un Manifiesto del 2000", con la coordinación del arquitecto Luis J. Grossman y dos disertantes principales: Emilio Ambasz y Laureano Forero. Emilio propició a la antropología como componente de la arquitectura, y señaló que así como Europa fue el escenario de la Utopía (el fin), América lo era de la Arcadia (el inicio). Con su praxis, Ambasz sin pretender ser normativo- auspicia "dar forma poética a las necesidades pragmáticas", ir a la quintaesencia, y concluyó que el arquitecto tiene la obligación de crear e inventar. Con ese tono positivo denominó a su discurso como "La alborada del Buen Aire". El arquitecto colombiano Laureano Forero, que
deliberadamente se propuso no utilizar diapositivos, se refirió a lo que llama "un
otro arquitecto", con un papel que él mismo desempeña en su ciudad de Medellín. Si
se acepta que la comunidad conforma una pirámide, con la que se simboliza el cuerpo
social, los arquitectos forman un triángulo invertido, de modo que la mayoría intenta
satisfacer las demandas de los pocos que ocupan el vértice de la pirámide mientras que
son muy pocos los que atienden a las carencias de los ubicados en la base. La mesa que siguió a las dos disertaciones magistrales estuvo integrada por los arquitectos Pancho Liernur, Berardo Dujovne (Decano de la FADU de la Univ. de Buenos Aires), el profesor Jorge Glusberg, el arquitecto chileno Cristián Boza, el presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, Carlos Lebrero, el colega brasileño Carlos Bratke, de San Pablo, y el arquitecto Alfonso Corona Martínez. Se citaron poetas y escritores (recuerdo a Italo Calvino, Lamartine y Ray Bradbury, entre otros) se hizo referencia a la ciencia ficción, Liernur dijo no a la alborada o el manifiesto y sí a una agenda del 2001, imagen que le parece más apropiada. Sobre el final, se destacó la tarea de arquitectos que, sin brillar en congresos o revistas, desarrollan una misión ejemplar, como Horacio Berreta en Córdoba y Víctor Pelli en Resistencia, Chaco. La jornada, que fue transmitida por Internet en todo su desarrollo, tuvo una numerosa y entusiasta concurrencia que colmó el auditorio del Museo Nacional de Bellas Artes, que aplaudió a los oradores y comentó favorablemente la idea de la convocatoria. Será interesante retornar con mayores precisiones hacerca de lo dicho durante el encuentro. |
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