columnas arqa.com


La ciudad Universitaria y El Silencio - Dos proyectos modernos para el trópico
Marco Negrón
El Nacional online
Caracas, 27/05/00

Si bien este ha sido el año celebratorio de su obra con exposiciones como Villanueva. Momentos de lo moderno (premio IV Bienal de Arquitectura de Sao Paulo), ahora en la Galería de Arte Nacional bajo el título Villanueva. Un moderno en Sudamérica, también es ocasión para reflexionar sobre la situación actual del legado arquitectónico de Carlos Raúl Villanueva. Un foro organizado y moderado por el arquitecto Marco Negrón, en el cual participaron los también arquitectos José Miguel Galia, Gorka Dorronsoro, Juan Pedro Posani, Jesús Tenreiro y Enrique Fernández-Shaw, sirvió para discutir la situación actual de la Ciudad Universitaria y El Silencio. El aislamiento de éstas del resto del tejido urbano y su deterioro son el eje central de esta conversación alrededor de la obra de un hombre universal preocupado por entender hacia dónde se encaminaba el mundo


Hoy carece de sentido ponerse a discutir si Villanueva dejó o no una obra importante. Parecería más bien que el punto relevante a considerar sería la vigencia que mantiene esa experiencia, en lo arquitectónico y en lo urbano.

-Marco Negrón: En lo personal me acosa cada vez más la sospecha de que se trata de una obra desfasada hacia adelante en relación al país en que le tocó actuar a Villanueva. Desde esa perspectiva sugiero centrarnos en la consideración de dos de sus obras: la Ciudad Universitaria y El Silencio. Creo que éste último fue una proposición muy temprana y muy válida de lo que pudo ser el crecimiento de Caracas, pero que sin embargo no fue seguida ni siquiera por Villanueva. El otro tema a considerar es el caso evidente de la Ciudad Universitaria, en particular la Plaza Cubierta y el Aula Magna. Sobre ella se han hecho diversas observaciones, como el aislamiento de la Ciudad Universitaria y su segregación del resto del tejido urbano, que parecería no sólo depender de su diseño sino de otros factores. Algunos arquitectos, entre ellos Jorge Rigamonti, se han planteado la posibilidad de una mayor vinculación entre la Ciudad Universitaria y el resto de la ciudad. En todo caso está la pregunta acerca de si esa separación depende de particularidades generadas por la vida universitaria o de la solución urbanística adoptada.

-Jesús Tenreiro: Mis sentimientos hacia Villanueva son muy encontrados. En primer lugar, él fue un hombre muy afortunado en la vida, procedente de la alta clase social venezolana, hijo de diplomático, formado en la Ecole des Beaux Arts, casado con una mujer extraordinaria, hija de un gran promotor urbano, de muchísimo dinero. Creo que hay cierta contradicción en los procesos de Villanueva desde que comienza con sus primeras obras, particularmente en La Maestranza de Maracay, construida sobre la base de un modelo sevillano completamente españolizante, que posiblemente sea la única manera de hacer una plaza de toros. Allí comienza una acción importante en la zona de Maracay, marcada por un europeísmo no sé hasta qué punto determinado por los gustos del dictador, si es que tenía algún gusto. En relación a El Silencio es importante recordar que ya existía un plan urbanístico que determinaba que la intersección de las dos vías que venían de Catia y San Martín que con la futura Avenida Bolívar configuraría un espacio cívico de gran importancia como centro urbano, incluso en el cerro de El Calvario, Maulaussena había diseñado un cenotafio para Simón Bolívar. Villanueva había participado en ese plan, que sencillamente olvidó cuando Medina le pidió hacer viviendas de interés social. Así que, en vez de buscar alternativas -porque entonces en Caracas sobraba terreno para construir viviendas- destruyó la homogeneidad del plan; se creó un problema con la intersección, esa especie de "Y" de la plaza O'Leary. Y lo que me parece todavía más extraño es que en 1941, cuando los fundamentos de la modernidad en Europa estaban totalmente definidos, clarificados y construidos, Villanueva se lanzara en un proyecto con columnas panzudas en imitación de una extraña cosa colonial. El Silencio me parece un horror urbanístico, arquitectónico y social, porque eso que tenemos ahí hoy en día es casi irrecuperable; algún día lo venderán y la gente hará lo que le dé la gana.

-Enrique Fernández-Shaw: Creo que hay aportes significativos para la ciudad a través de la obra de Villanueva y que El Silencio es otro de los casos donde hay una arquitectura de valor que la sociedad no
ha podido entender.

-Juan Pedro Posani: Desde luego que Villanueva, como cualquier otro arquitecto o creador, tuvo sus altibajos, sus problemas, sus obras menores y mayores. Tanto en El Silencio como en la Ciudad Universitaria hay que ponderar en primer lugar el contexto y momento histórico en que se hizo y con qué tipo de presiones, qué solución dio Villanueva a ese tipo de presiones y cuáles son los valores que nos interesan. A los 100 años de su nacimiento creo que hay que considerar dos aspectos fundamentales que se conjugan más allá de otros aspectos formales, conformando lo esencial de la enseñanza de Villanueva, importante para el país y para las generaciones nuevas de arquitectos. La primera es que fue un hombre universal, preocupado por entender hacia dónde iba el mundo, en contacto con los mayores protagonistas, inmerso en el debate a escala planetaria y con un horizonte cultural elevado. Pero al mismo tiempo sabía que la tradición, las costumbres, la política y la economía pesan enormemente y que había cosas que no se podían hacer en la Venezuela del 28. Ese universalismo se une a su profunda comprensión de lo que era este país, sus tradiciones, sus responsabilidades, sus problemas; a partir de esa circunstancia, que arranca desde la propia comprensión del trópico, desde el punto de vista sociológico, de las tradiciones, de la forma, de lo ambiental, desde el punto de vista del gusto mismo, establece un nexo entre lo universal y lo local.

-Gorka Dorronsoro: He pensado bastante en El Silencio y en las interrogantes de Jesús. También he sentido una pérdida respecto al proyecto anterior, que marcaba ese eje propicio de la Avenida Bolívar que unÌa a El Calvario con Los Caobos y que se volvía como una especie de organizador de todo el paisaje geográfico desde El Avila hasta las colinas del sur de Caracas. Pero uno ve también que esa proposición tendía, como retórica, a exaltar el Estado: una plaza grande, columnatas parecidas a las de la Escuela Militar, elementos oníricos como inspirados en De Chirico, y a través de eso se subía a una pirámide, como las de Yucatán, resultado de trabajar la topografía hasta darle forma al terreno. El resultado: un simulacro teatral absoluto. El bloque perimetral con jardín central es una buena solución, vinculada a muchas experiencias de la Viena socialista, así que uno se pregunta por qué no se repitió una experiencia como esa. Todos tenemos una relación ambigua con El Silencio. Una idea que ha perdurado es salvar la cuadrícula, creando un sistema de espacios mayores que la contenga y a la vez la repita en otra escala. La actuación posterior de los organismos encargados de la planificación, terminó de alejar la posibilidad de la tipología de la manzana con el jardín en el centro, porque se mantuvo la misma subdivisión de la tierra, y no se crearon mecanismos de cooperación que hubieran podido crear una especie de fachada homogénea, hacia la calle. En la renovación de Santa Fe de Bogotá, Santa Fe Norte, Rogelio Salmona logró, inspirándose en El Silencio, unas viviendas de interés social para profesionales de medianos ingresos colocadas alrededor de patios. El deterioro de El Silencio no tiene que ver con la tipología sino con unas circunstancias sociales y económicas; los problemas originados en la tipología los veo en los superbloques, donde siento como una imposición.

-JPP: Yo diría que hay como una especie de imposición absolutamente ilusa de una visión moderna que se basa sobre una suerte de racionalidad mínima y un empeño, que nos acompaña desde la Caracas de Guzmán Blanco, por imitar a los países más desarrollados y que más que una ilusión, es falta de realismo. Pero en El Silencio hay un aporte importante que tiene que ver con una especie de urbanidad y de condición casi social, que se puede conseguir a través de esa arquitectura que es más que la arquitectura; la experiencia lamentable de lo que sucedió a partir de ese momento nos revela que allí había ciertos atributos que lamentablemente no se repitieron por condiciones del tiempo y de la política.


Espacio vital para la formación

-MN: Por qué no pasamos ahora a considerar la Ciudad Universitaria?

-José Miguel Galia: Respecto a la Ciudad Universitaria, por la fuerza del Aula Magna como obra específica, se ha tendido a desvalorizar el resto. Hay allí obras muy importantes representativas de las diversas épocas de Villanueva: la del primer moderno, la brasileña, la mejicana o la época donde él es él,
como en el Aula Magna completa. Valdría la pena un estudio sobre cómo está resuelta estructuralmente el Aula Magna. Además, quiénes fueron los calculistas estructurales de Villanueva? Los pasillos cubiertos, son de Otaola o de Villanueva? Las estructuras de Villanueva, son de él? El las controlaba? Imaginaba un espacio y le decía a alguien: "calcúlamelo"? Yo creo que no, con una personalidad como la que tenía...

-JPP: El tema que plantea el Dr. Galia es de enorme importancia, porque al arquitecto y a la arquitectura
les pasa lo que al cine: se habla de los directores pero suele olvidarse la enorme cantidad de personas que colaboran y en arquitectura hay una participación importante en la que es sumamente difícil definir la manera como se da o hasta qué punto incide. Quería nombrar otro ejemplo que dio Villanueva con el pabellón de Venezuela en Montreal en el año 67, de sencillez casi minimalista, que lamentablemente se dejó perder, y que contrasta con lo que fueron luego los pabellones venezolanos en las ferias internacionales y ahora, para remate, lo que vamos a llevar a Hannover nos va a convertir en el hazmerreír del mundo arquitectónico; ese "hágame este dibujito para que lo calcule otro, con su gente allá en Alemania".

-GD: Lo más valioso de El Silencio es la conservación de la retícula, el poder actuar en una realidad urbana histórica sin necesidad de cancelarla u oponerse a ella, sino más bien transformarla entendiéndola como un proceso de acumulación a lo largo del tiempo. También es sumamente interesante, como en la Ciudad Universitaria, el edificio que construye un espacio urbano monumental al tiempo que presta un servicio de circulación cubierta pública y que, en ese mismo efecto, configura el límite de su área interna. Ojalá la arquitectura que pudiéramos hacer ahora tuviera esa repercusión en lo urbano, fuera capaz de limitar espacios externos urbanos y los internos privados, incluyendo al mismo tiempo la circulación peatonal colectiva; hoy el compromiso de nuestra arquitectura con las ciudades es infinitamente menor y está más orientado hacia el objeto autónomo, más al volumen que al espacio. Por eso creo que sobre El Silencio hay muchas que reflexionar: creo que desde la óptica de hoy, se siente como muy fracasada la experiencia de los edificios laminares en medio del paisaje del 23 de Enero. Pero la experiencia de la Ciudad Universitaria es la más interesante. No se trata de construir la calle con los edificios, sino que el edificio puede ser un objeto libre en el espacio, en diálogo con otros aparentemente libres en el espacio y, por debajo de esa estructura de los cuerpos volumétricos, una estructura, una trama más íntima, más pequeña y más diluída de espacio-cubierto-interno, espacios-corredores, que normalmente no existen en las ciudades, espacios que atraviesan por el mismo centro, o por cualquier parte, edificios que se vuelven espacios públicos. Creo que la Universidad es el laboratorio, la experiencia más interesante de las tres, que ofrece espacios y situaciones que nunca se encuentran en la ciudad, más limitada por la calle y la plaza como única oferta de espacio público.

-EFS: Yo creo que esa comprensión de los atributos de la Ciudad Universitaria consiste en reconocer, por un lado, una escala como visible en fotos, a través de los pasillos y otras pequeñas piezas, y del otro, la de los edificios aislados. Creo que esa condición ambigua es un aporte impresionante a su riqueza, hay allÌ unos ingredientes que eventualmente nos va a tocar retomar en el futuro en referencia a lo que pedía Marco del lanzamiento de la ciudad y hacia la ciudad y cómo eventualmente eso puede ayudarnos o no a la conservación de la Ciudad Universitaria como pieza arquitectónica. En Venezuela hemos hecho objetos más que espacios, y la ciudad está plagada de ellos. Creo que el entendimiento de la Ciudad Universitaria como pieza que puede ser incorporada a la ciudad, exige que la integración se dé a partir de otras dimensiones de la realidad que llegan hasta la política: habría que entender lo que significaría esa integración en tÈrminos culturales, sociales, administrativos y financieros.

-JMG: Hay que resolver primero un problema social, político: si el universitario tiene seguridad dentro del recinto, el gran cambio se daría si la tiene también en la calle, en el resto de la ciudad y sigue siendo universitario. Pero, pasando a la cuestión específicamente arquitectónica, el gran aporte de Villanueva a ese concepto de Ciudad Universitaria es el reconocimiento del trópico.

-JPP: La Ciudad Universitaria y El Silencio no se salvarán si sus habitantes no asumen que hay urgencia y responsabilidad de salvar lo salvable, fundamental para la cultura del país, en especial con la Ciudad Universitaria, reconocida como la obra de arte de mayor importancia del país. Si hemos sido capaz de producir una obra de esa naturaleza, significa que hay un tejido social, una estructura cultural y una formación política que lo hicieron posible pero que no hemos sido capaces de valorar: eso enseña la experiencia de Villanueva que, con o sin suerte, fue capaz de aprovechar esa ocasión cuántas ocasiones somos capaces de aprovechar? Cuando se habla de producir miles de viviendas: con qué tipología y estructuras se van a hacer, con qué organización? Ese es un tema importante, como lo es el estado de verdadero desastre en que se encuentran todas nuestras ciudades; es entonces cuando uno piensa, por ejemplo, en los corredores de la Ciudad Universitaria, en artefactos de naturaleza tan simple para el desplazamiento peatonal protegido del sol y de la lluvia. A estos aspectos habría que referirse cuando consideramos ese contraste tan enorme entre la Ciudad Universitaria y lo que ocurre en el resto del país.

-JT: Nuestro problema es que no hay cultura ni para preservar el mural de César Rengifo que está en las
torres del Centro Simón Bolívar; eso se repite en la Ciudad Universitaria y en nuestra propia facultad. Qué hacer para responder a la aspiración de una Ciudad Universitaria que esté llena de vida, porque los domingos es absolutamente deprimente llegar al Aula Magna a algún concierto y salir dos horas después a un lugar desolado, donde no hay ni para tomarse un café. Pienso en las posibilidades de darle una vida más urbana a la Ciudad Universitaria, en la introducción de nuevos usos y en la densificación de los espacios.

La arquitectura como matriz de calidad humana

-GD: Podríamos hablar sobre la posibilidad de ver la arquitectura como producción de objetos que incluso, haciendo un pequeño esfuerzo, se pudieran imaginar sobre una mesa, en lugar de sobre un terreno. Esa visión de Villanueva, entendiendo la arquitectura como concepción de ciudad, como matriz de la calidad humana, es uno de sus aportes más valiosos; en todas sus experiencias existe la idea de que la arquitectura es capaz de construir la imagen de la ciudad y de reestructurarla. Para nosotros parece mucho más aplicable, desde la óptica de hoy, la lección de la Ciudad Universitaria, pero la verdad es que nos encontramos con el mismo problema que en El Silencio: así como la tipología de éste no era aplicable sobre la estructura parcelaria del centro, tampoco un camino como el de la Ciudad Universitaria parece aplicable hoy en Caracas, la misma estructura de la sociedad como un todo conspira contra eso. Hasta qué punto es insalvable la separación entre la ciudad y la universidad, que es una ciudad modelo, hasta qué punto se pueden integrar. No concibo la idea de que la calle con sus bordes bien definidos penetre la universidad e imponga su realidad, en un sitio donde el urbanismo es diametralmente opuesto. Ella es como una ciudad alternativa.

-JPP: En el siglo pasado la arquitectura moderna pasaba por diferentes etapas: una, la que podía a través de su conexión con el organismo, transformar profundamente la sociedad; pero la experiencia mostró que eso no era así y las decepciones se fueron acumulando, hasta que se pensó que la única solución para transformar la sociedad era la acción política. La arquitectura pasó a un segundo lugar y sobre esa bondad se ha ido trabajando prácticamente hasta los años 90. Ahora reconocemos la importancia de la arquitectura, que sin ella no hay vida buena, y que su desarrollo es indispensable porque con ella se hace la ciudad. Eso está en Villanueva. Su obra no era para Pérez Jiménez, sino para conformar una cultura de la ciudad y la cultura universitaria para el venezolano. La indiferencia de muchos arquitectos que tienen trabajos importantes en el país en este momento es asombrosa; parece que lo más importante son los centros comerciales. No quisiera desistir del hecho de que hay una responsabilidad social del arquitecto de la que se hablaba en los años 50; una responsabilidad personal y de su propia obra. Me preocupa que se esté orientando la cultura del país hacia metas que son inconcebibles, aborrecibles, que nada tienen que ver con esa grandeza, esa generosidad con que por ejemplo está planteada, con conciencia y buen gusto, la obra de Villanueva. Por ejemplo, la entrada de la biblioteca de la Ciudad Universitaria, es tal vez el vitral más importante del mundo del arte moderno, y a uno se le olvida. Villanueva no eligió ese espacio simplemente por casualidad, sino porque detrás de eso había la conciencia de responsabilidad con el país.

-JMG: La opinión de Jorge sobre lo que se puede hacer en la Ciudad Universitaria es correcta. Es imposible dejar que la vida ciudadana entre en la universidad. Lo correcto es recuperarla totalmente. Toda la Ciudad Universitaria tiene méritos mayores y menores y debe conservarse con el mismo fervor e interés con que se considera el Aula Magna.

-MN: Entre otras cosas, Villanueva era un excelente gerente, con capacidad para planificar y programar. La respuesta que les tenía a los que se negaban a participar porque era una obra de la dictadura, era que esa dictadura iba a pasar pero la obra quedaría.

-JT: La Ciudad Universitaria es como un tesoro arqueológico dentro de la urbe, como ocurre en México, pero parte del problema es que la Ciudad Universitaria carece de habitantes, tiene usuarios y esa horrenda palabra significa usar un objeto y desecharlo, entonces ven absolutamente indiscutible que la Ciudad Universitaria deba ser cercada de una manera civilizada, elegante, bien diseñada, manteniendo abiertas sus puertas. Con respecto a su valor paradigmático que es como un testimonio, hay que restaurarlo, revalorarlo, y quererlo, empezando precisamente por una especie de concientización de los usuarios. Queda como un testimonio dentro de un mundo arquitectónico dentro del cual no hay posibilidades de ser optimistas. En el prólogo de un libro digo de manera más bien pesimista, que la arquitectura es como una corriente de agua subterránea que de tanto en tanto emerge como un manantial, porque no hay que hacerse ilusiones cuando se dan hechos aislados y pensar que seguirán surgiendo a pesar de la avalancha de banalidad, vulgarización y trivialidad que representa todo o casi todo lo que se está haciendo, desde las viviendas unifamiliares de gente muy adinerada, pasando por los edificios de apartamentos, hasta las oficinas y ahora los famosos malls. Es inconcebible y esos edificios están hechos por egresados de nuestras facultades. Pienso que la facultad de arquitectura hay que cerrarla, para que el arquitecto que realmente se siente arquitecto se forme, como se formó por ejemplo la corrupción, sin ninguna carga, sin ningún programa formal, burocrático, académico.

-EFS: La Ciudad Universitaria y El Silencio son obras que merecen ser preservadas, rescatadas y revalorizadas.

-JT: Y allí es responsable el Instituto Nacional de la Vivienda (Inavi) como actual propietario de El Silencio, porque sencillamente se olvidó del asunto.

-JPP: Si queremos salvarlo, tiene que haber medidas radicales. He insistido mucho sobre las lecciones que uno puede deducir de la obra de Villanueva; quisiera recordar la última, tal vez la más importante para la situación social y política del país. Villanueva nos entregó edificios públicos extraordinarios, preguntémonos hasta que punto y de que manera el Estado está ahora enfrentando la posibilidad de seguir esa herencia y regalando a la ciudad y al país edificios que por lo menos tengan la dignidad mínima del edificio público.

-GD: Durante mucho tiempo el Estado contrataba arquitectos muy buenos, pero a partir de un momento, empezó a hacer escuelas horriblemente malas, y le parece que son tan buenas que las empieza a repetir por todas partes. Uno quisiera que el Estado recuperara un poquito el juicio y empezara a escoger adecuadamente los arquitectos y no a las sobrinitas de funcionarios.

-JT: Lo que pasa es que las contrataciones siguen siendo hechas sin ningún criterio cualitativo, sin ni siquiera procurar llamar a un concurso de credenciales, entonces no hay que ser optimistas; yo sigo siendo pesimista.


Inicio arqa@arqa.com