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La arquitectura como proyección de la vida misma
Carlos Raúl Villanueva
El Nacional online
Caracas, 27/05/00


Existe una tradición venezolana? Si ella existe y se define, como creemos, por sus relaciones con ciertas
características sociales del pasado qué tipo de vínculo debe existir entre ella y nuestra conciencia de hombres modernos?

Si queremos partir de una base concreta no nos queda mas remedio que comenzar por definir que es la tradición. Habrán notado que cada vez que se proponen problemas vivos, hay que volver a definir los términos. Es un poco fastidioso, no lo niego. Pero nos obliga a ello la inextricable confusión de las ideas que hoy nos dificulta, a todos, la comunicación.

Si por tradición entendemos simplemente la existencia de un pasado arquitectónico, es obvio que ese pasado existe en Venezuela también. Ahí está toda una progresión de obras que así lo prueba: desde la choza india hasta la iglesia de Santa Teresa.

Si, en cambio, pensamos que la tradición es la presencia en la historia de algunos caracteres fijos y permanentes, entonces yo creo que es oportuno especificar lo siguiente: La historia es un proceso humano de transformación y evolución. La arquitectura es (entre otras cosas) la tradición espacial, más o menos consciente, de las etapas sociales de tal proceso. La tradiciÓn, luego, es permanencia relativa,
momentÁnea, variable en densidad y valor, de algunas características de contenido.

De las consideraciones anteriores se deduce: No existe una tradición. Existen muchas tradiciones. Las tradiciones nacen y mueren. Las tradiciones tienen una intensidad y una longitud de vida, variables. Cada una de las tradiciones, bajo una apariencia formal, expresan un contenido de diferente naturaleza.

Si se concibe la historia, permítanme el símil, como un enorme tapiz que va haciéndose progresivamente,
cada uno de los hilos podría representar una tradición. En el proceso de ejecución de acuerdo con el diseño general, algunos hilos desaparecen después de corta permanencia, otros se prolongan tenazmente, otros por fin, aparecen y desaparecen alternadamente. En semejante imagen, la importancia y el valor de cada uno de los hilos varían también, siendo perfectamente posible, la presencia contemporánea de hilos de distinto matiz y origen en el mismo punto del proceso de desarrollo, cuya velocidad, por otra parte, es variable. Es más. A medida que la economía general del proceso de realización del tapiz se hace inteligible y, por tanto, controlable, el papel jugado por cada uno de los hilos dentro de la composición, se observa cada vez más críticamente. Admito que la metáfora no es muy clara, pero hay que admitir también que el proceso de la historia no es fácilmente desentrañable.

A partir del punto donde los hombres empiezan a descubrir en la sociedad la estructura en evolución, (independientemente de ellos y sin embargo, creada por ellos mismos) que forma el marco variable de la acción humana, ya es imposible guardar la imagen del tapiz. El concepto de toma de conciencia de las razones de la historia es, en efecto, un concepto demasiado humano para que pueda traducirse fácilmente en un plano metafórico. Llegamos ahora al punto crucial de la cuestión: si la acumulación de tradiciones es un dato objetivo, nosotros, arquitectos de hoy, qué actitud tomaremos frente a ella? Primero hay que admitir la universalidad de un hecho: no se construye nada a partir de la nada. Es obvio. Siempre se construye a partir de algo, de alguna tradición o de varias de ellas, aún si son contradictorias, aún si son recientes y precarias. La selección del punto de partida puede ser consciente o inconsciente, no importa. Lo importante es constatar que la selección existe, se hace. Es parte integrante del proceso de creación.

Segundo aspecto interesante: nuestra conciencia de hombres modernos "latinoamericanos" venezolanos
modernos, nos impone autenticarnos, certificarnos colectivamente como nación y, desde luego, como pueblo. Participamos a un combate común, desde distintas posiciones, pero con un mismo fin; la independencia nacional.

Este combate no puede dejar de incidir profundamente en la calidad expresiva de nuestra creación. Si creemos en el significado cívico de la arquitectura y aceptamos la necesidad de seleccionar el punto de apoyo nacional desde nuestras posiciones actuales, entonces no queda sino acometer la tarea de definir, interpretar, seleccionar y, en último análisis comprender nuestras tradiciones.

Una vez realizado este trabajo (todo por hacer, entre nosotros), lo importante es: por una parte, asimilar la tradición hasta transformarla de materia de discusión en material orgánico de base del pensamiento y de la acción creadora; por otra, emprender la tarea de elaborar una arquitectura nuestra. Es decir: una arquitectura de hoy y de aquí. Si lo será realmente, también será universal.

Hay peligros, es claro. Hay riesgos, como en toda acción humana. No hay que caer en operaciones intelectualistas. No hay que copiar el folklore. No hay que creer en recetas. Pero como ha dicho Cesare Pavese: "Poseer una tradición es menos que nada. Solo buscándola es que se puede vivirla".


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