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Tony Blair adopta el "modelo Barcelona"
'Los arquitectos británicos premian el urbanismo barcelonés,
base del proyecto de Richard Rogers'
El Pais Digital 04/07/99
Lejos de agotarse, el modelo Barcelona vuelve a estar en el
ojo del huracán del urbanismo internacional. La semana pasada obtuvo un nuevo
reconocimiento, el más importante hasta la fecha: el premio del Real
Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA). Por primera vez, este galardón en forma de
medalla de oro instituida en 1848 por la reina Victoria no ha recaído en el nombre de un
arquitecto, sino en una ciudad. Y la ciudad ha sido Barcelona. Pero el premio de los
arquitectos británicos significa también algo más general: la adopción de la capital
catalana como referente urbanístico por parte del nuevo laborismo de Tony Blair.
AGUSTÍ FANCELLI, Barcelona
Por primera vez el premio del Real Instituto de Arquitectos Británicos no ha recaído en
un profesional, sino en una ciudad, Barcelona. ¿Qué cosas tan maravillosas y únicas se
han hecho en esta ciudad para merecer tan alta distinción? El fallo citaba cuatro
méritos concretos: la cultura del diseño, la integración de los edificios con el
entorno preexistente, la buena coordinación técnica en el trabajo y la combinación de
una vocación internacional con la autóctona en la elección de los arquitectos que han recibido
encargos de obras. Como realizaciones específicas se citaban el Estadio y la Villa
olímpicos, el museo de Arte Contemporáneo, el edificio de oficinas World Trade Center y
la reconstrucción del Liceo, sin olvidar las pequeñas intervenciones en plazas,
interiores de manzana y reconversión de espacios industriales.
Al acto de entrega de la medalla asistió el padre espiritual de la nueva Barcelona, Oriol
Bohígas. A sus 73 años, sin perder un ápice de su fama de polemista, Bohígas
argumentó los logros y contradicciones del modelo Barcelona. Entre estas últimas citó
los peligros siempre acechantes de las privatizaciones y el excesivo peso de un urbanismo
ceñido al ordenancismo de los planes generales. El arquitecto terminó su discurso con
una reivindicación de la arquitectura como única herramienta para dar solución a las
identidades multiformes que conforman la ciudad.
El estudio Rogers
Pero el premio significa también la adopción de Barcelona como referente urbanístico
por parte del nuevo laborismo de Tony Blair. El Gobierno británico encargó al arquitecto
lord Richard Rogers un estudio, presentado esta semana, de clara inspiración barcelonesa.
El estudio sirve de base para el Urban Task Force, un plan urbanístico global que se
debatirá en el parlamento dentro de un año y con el que se pretende revitalizar 10 ciudades,
entre ellas Birmingham, Manchester y Cambridge. Todo ello en la perspectiva de las
elecciones del 2000 para escoger al alcalde de Londres y propiciar el restablecimiento del
Great London Council, el Gobierno metropolitano suprimido por Margaret Thatcher y cuyo
retorno hoy auspician destacados miembros conservadores.
El informe de Rogers, que ha sido elaborado tras múltiples consultas a arquitectos
catalanes y que Prescott presentó la semana pasada al alcalde Joan Clos, plantea la
necesidad perentoria de mejorar la calidad de vida en las ciudades, especialmente las del
centro y el norte de Inglaterra. Para conseguirlo propone un sistema de holdings mixtos en
el que se coordinen las administraciones y promotores privados, según el patrón que tan
buenos resultados dio en la construcción de los equipamientos olímpicos barceloneses.
El estudio también afronta la exigencia de crear viviendas en zonas urbanas abandonadas
por la actividad industrial (se calcula que en ese estado hay 1,3 millones de edificios).
El Gobierno laborista está ya ejecutando un proyecto que entre 1996 y el 2001 debe
promover la construcción de 3,8 millones de nuevas habitaciones, el 60% de las cuales
habrá de ubicarse en esas antiguas zonas fabriles. La apertura al mar de Barcelona y la
reciente prosecución de la Diagonal hasta la desembocadura del Besòs pueden servir muy
bien de directrices inspiradoras en este punto.
El problema de la desertización de los centros urbanos y, en general, la pérdida de
población de las ciudades, problema que Barcelona tampoco tiene resuelto, es otro
objetivo del Urban Task Force.
La propuesta de Rogers no olvida el pequeño urbanismo de intervención rápida para
mejorar de forma inmediata las condiciones de vida de los ciudadanos: la zurcidora se
llamó en Barcelona a esa modalidad, cuando los socialistas accedieron a la alcaldía en
1979 y se encontraron con las arcas vacías, por lo que no quedó otro remedio que ponerse
a parchear, como buenamente se pudo, antiguos descosidos urbanos (fue la famosa eclosión
de las plazas duras, tan hábilmente publicitadas por Bohígas para esconder la falta de
medios económicos). Naturalmente, no faltan en el informe de Rogers reflexiones, también
muy barcelonesas, de "esponjamientos" de barrios -aperturas de espacios
públicos en zonas urbanas densas y en vías de marginalización-, peatonalizaciones...,
proyectos siempre guiados por la idea de la ciudad sostenible, armonizada con el entorno
metropolitano y preparada para absorber al máximo el volumen de residuos que genera. No
cabe duda, pues, de que los laboristas están construyendo un manifiesto urbanístico
inspirado en el socialismo catalán de los últimos 20 años.
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