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Oficinas
CAPSA-Capex
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Fernando Diez / summa+
30Arquitectura de precisión
Las oficinas suburbanas de una
petrolera local, resueltas por el estudio
Benadon-Berdichevsky-Cherny, plantean la posibilidad de
un ambiente de trabajo cualificado y humanizado por una
arquitectura sensible a sus circunstancias precisas.
Autores:
Benadon-Berdichevsky-Cherny arquitectos;
Robinsohn, arquitecto asociado.
Asesoría y coordinación: Guillermo
Labat, arq.; Eduardo Córdoba, ing.
Dirección de obra: Enrique Viola, Oribe
Cardozo, arqs.
Ubicación: Melo 632, Vicente López,
Buenos Aires
Superficie cubierta: 5.000 m2
Año de terminación: 1997 |
Si algo diferencia a la arquitectura entre
las disciplinas del diseño es la condición individual y
circunstanciada de cada edificio. El sitio, el clima, las
construcciones vecinas, el paisaje, los recursos, la
tecnología disponible, los medios, la urgencia o las
etapas, cada una de estas cosas, conforman una
circunstancia precisa, única y propia de cada edificio.
Un momento que ni aún en el mismo lugar se repetirá de
la misma manera.
Este es un rasgo esencial de la arquitectura, diría que
también esencial a su supervivencia como disciplina.
Algo que la arquitectura internacional descuidó
imperdonablemente y, de la mano de ese descuido, el
diseño incursionó en el campo de la arquitectura
transformando los edificios en objetos, en meros
contenedores, disociados de su circunstancia y su
momento.
Esto pasa cada vez más con los shoppings, con
los interiores comerciales, con los aeropuertos, y con
toda una nueva generación de edificios (estaciones de
servicio, locales de comidas rápidas, alquiler de
videos) crecientemente reducidos a la categoría de
objetos en la misma acción de aislar su concepción de
su contexto.
Pero en el rubro en que este fenómeno afecta más
gravemente a la arquitectura y a la ciudad, al que
Gregotti se refirió como la construcción de "una
arquitectura voluntariamente atópica" (summa+
29) es en los edificios de oficinas, convertidos por un
nuevo International Style, en prismas inermes
revestidos de vidrios reflejantes, que no sólo son
indiferentes a su contexto urbano, sino también a las
condiciones climáticas, a los recursos tecnológicos o a
las condiciones particulares del encargo. La monótona
regularidad del curtain-wall se transformó en
el revestimiento estandar para envasar prismas regulares,
estrictamente modulados pero indiferentes a las
condiciones del entorno, del que se declararían
solidarios por su mera condición de reflejante.
El vidrio espejado ha devenido de esta manera en
estereotipo de oficina, y la silueta del edificio medio
destinado a tal fin no logra ya diferenciarse en un
contexto en que las variaciones se reducen apenas a los
colores de los cristales elegidos. Un edificio así queda
condenado a un rostro sin rasgos, a una fisonomía
invisible.
En esta situación es claro que el
principal problema de un edificio de oficinas es hallar
un carácter, una identidad distintiva, todavía más
importante cuando se trata, como en este caso, del
edificio insigna de una compañía.
Intentando eludir los etereotipos, fácil hubiera sido
caer en los gestos, en apelar a una retórica formal
también ajena a las condiciones del encargo.
Sin embargo el estudio BBCH confió en que ir dando
respuestas una a una a las condiciones del sitio, a las
necesidades del programa, a las etapas que imponía el
cronograma de construcción, al máximo volumen
construible permitido por las regulaciones de
edificación, en fin, al conjunto de condiciones que
constituían la circunstancia precisa del edificio, estas
mismas respuestas imprimirían una identidad precisa a la
obra. Y así fue. El resultado es expresivo pero no
retórico. Inconfundible, pero discreto, ameno pero
consistente.
A la presencia magnífica del río, se le abrió una
fachada de vidrios transparentes, montados sobre puertas
y ventanas que se abren, que permiten verlo y sentirlo,
tanto desde el interior como saliendo a las terrazas (que
funcionan como aleros del piso inferior), proveen un
control ambiental más eficiente que el vidrio espejado,
y también más rico y estimulante en los constrastes de
luz y sombra. Pero esta inteligencia en apropiarse del
río no se contenta con esto, también separa las
circulaciones verticales de los servicios para colocarlas
del lado del río, en cajas de vidrio, haciéndonos subir
y bajar como por fuera del edificio, en contacto con el
paisaje y el parque, efecto que acentúan las pantallas
de hormigón a ambos lados de la escalera y ascensores,
separando este movimiento de la vista de las oficinas
generales.
Las grandes plantas alargadas tienen su centro
desplazado, en un punto inaccesible pero a la vez
ineludible, alrededor del cual circulamos y se ordenan
escaleras, ascensores y servicios: el patio interior, que
es el alma del edificio y el máximo rasgo del proyecto.
En la planta baja, donde el patio podría
ser accesible, su superficie se transforma en un jardín
de grandes cantos rodados, y esta inaccesibilidad -o
intransitabilidad- del patio acentúa todavía más su
centralidad manifiesta.
Los tres pisos altos del edificio tienen plantas
diferentes, se superponen como layers de un dibujo
digital, comandados por la vigorosa cornisa superior,
cuya escala, digna de los palacios florentinos, proyecta
sobre el conjunto la ilusión de una caja regular de
planta trapezoidal. Pero lo cierto es que esta
regularidad es sólo aparente, está allí sólo para
tranquilizar nuestra vista. Cada planta obedece a leyes
diferentes, a las variantes circunstancias de su
programa. Así la planta alta, contenida en sus extremos
por dos grandes curvas, se retira para dar terrazas y
privacidad a los despachos del directorio. La planta del
segundo piso -la más grande- toma la forma de la máxima
superficie.
El primer piso es completamente metálico, dando la
impresión de estar colgado del piso superior, condición
que obedece a la necesidad de que pudiera construirse
posteriormente como una segunda etapa (esta solución
ayudó a que este fuera el proyecto ganador del concurso
privado que organizó el comitente entre tres importantes
estudios locales). La planta baja es mayormente libre,
dando lugar para coheras protegidas por la sombra del
edificio. Una larga rampa que lleva al primer piso sirve
para separar visualmente las cocheras de un jardín
concebido como una extensión visual pero también de
uso, de las áreas de trabajo.
El patio central está allí imprimiendo una unidad a
esta variedad de las plantas. Con el sentido vertical de
su unidad volumétrica, el espacio del patio es la
referencia que ordena todo el recorrido, hacia arriba o
abajo o en el plano horizontal de cualquiera de los
cuatro niveles.
Es interesante cómo la forma cónica del patio resulta
decisiva para otorgarle su cualidad unificadora entre los
distintos pisos.
Para un edificio básicamente irregular (plantas
irregulares, fachadas variables de piso en piso,
perímetro irregular) la presencia circular del patio
establece una quietud interior que se expresa en la luz
modulada que transmite a las circulaciones interiores.
Como en un Hotel Particulier, el patio es el
centro regular de una serie de elementos heterogéneos,
la clara figura sobre la que orbita una diversidad de
formas. La rica variedad de situaciones que caracteriza
el proyecto está disciplinada por esta presencia serena
y elemental del patio.
Dominan los colores de los propiso
materiales: madera, aluminio, hormigón. Pero también
aparecen los colores vivos, resaltando la libertad y la
variedad que el diseño propone, y que se concreta en
escasas pero certeras pinceladas, como un acierto en las
ventanas del patio y la baranda amarilla que ayuda a
conferir al segundo piso su carácter de piano nóbile.
En casi todas las desiciones del proyecto puede
observarse una particular sensibilidad ante la
circunstancia del encargo, de sus condiciones concretas,
y en estricta resonancia con su circunstancia precisa, el
proyecto logra edificar una arquitectura también
precisa. No hace falta más para que el edificio adquiera
un carácter propio, una identidad inconfundible, pues en
en esa misma precisión encuentra un sentido.
El proyecto de BBCH resulta así difícil de encasillar,
precisamente porque es bueno para su sitio, su contexto,
su comitente; no es minimalista, ni deconstructivista, ni
racionalista, ni... alguna otra voluntad ajena al
encargo. No es otra cosa que está en otro lado, sino su
propia circunstancia precisa.
Quizá eso necesita la arquitectura para recuperar su
sentido como disciplina, no envidiar las artes plásticas
no disfrazarse de ingeniería, sino asumir su condición
circunstanciada, local, irrepetible, y confiar en que la
precisión es suficiente para dar carácter, entidad e
identidad a una construcción.
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