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eter Eisenman y una Ciudad de la Cultura en España
Fuente: El País Digital

Peter Eisenman construirá en Santiago, Espana, una Ciudad de la Cultura de 18.000 millones
Un jurado presidido por Fraga adjudica al arquitecto estadounidense el faraónico proyecto


XOSE HERMIDA, Santiago de Compostela
La Ciudad de la Cultura que Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia, pretende legar a la posteridad será una "montaña encantada", según fue bautizada ayer con evidente visión comercial. Un complejo arquitectónico de formas ondulantes y con una superficie de 10.000 metros cuadrados, diseñado por el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, ocupará una colina próxima a Santiago y acogerá archivos sobre la historia de Galicia, dos museos y un auditorio. Eisenman ganó ayer el concurso de ideas para este proyecto faraónico, valorado en unos 18.000 millones de pesetas.

Eisenman (Newark- Nueva Jersey, 1932) es un veterano prestigioso arquitecto, en ocasiones más preocupado por cuestiones teóricas y académicas que por construir edificios. Fue profesor de la universidades de Yale, Princeton y Cambridge; miembro fundador, en los años 70, del grupo Five architects de Nueva York, ciudad en la que vive y donde sigue impartiendo clases en la escuela Cooper Union, y ha escrito varios libros, uno de ellos a medias con el filósofo francés Jacques Derrida, cuyo deconstructivismo pretende trasladar Eisenman a la arquitectura.

En los últimos años se ha prodigado más en los trabajos de campo. Participó en el plan para la reconstrucción de Berlín, con el polémico monumento al Holocausto y un polígono de viviendas sociales en terrenos del antiguo muro, y en su país ha diseñado varios proyectos de grandes dimensiones, más parecidos al de Santiago, como los centros de convenciones de Columbus (Ohio), que costó 13.000 millones de pesetas, y de Mesa (Arizona), un gigantesco complejo que incluirá hasta un estadio de fútbol americano.

El proyecto del arquitecto estadounidense era el favorito en todas las quinielas previas y, de hecho, obtuvo la unanimidad del jurado frente a los otros diez diseños presentados, entre ellos los de los españoles Ricardo Bofill, Juan Navarro Baldeweg, César Portela y Xosé Manuel Gallego Jorreto, el estadounidense Steven Holl y los franceses Jean Nouvel y Dominique Perrault. El jurado internacional, que presidió el propio Fraga, estaba compuesto por altos cargos de la Xunta, arquitectos y críticos.

700,000 metros

Lo que ha concebido Eisenman es algo más que un simple conjunto de edificios. Tanto la Administración gallega como el propio arquitecto insisten en que se trata de crear un espacio urbanístico nuevo -en conjunto ocupa 700,000 metros cuadrados en el monte Goiás, pegado a la ciudad- que tiene cierta vocación de recrear, tenuemente y con estilo contemporáneo, el casco viejo de Santiago. El portavoz del jurado, el suizo Kurt Foster, llegó a comparar la fe que movía a los peregrinos con la "fe en el futuro" que muestran proyectos como éste. "Santiago es un fénix que renace una y otra vez", sentenció.

En los textos de presentación del proyecto, Eisenman incide en la "futilidad" de cualquier intento de "replicar la arquitectura del pasado", lo que no implica que renuncie a desentrañar su "código genético". El estadounidense se ha basado en la semejanzas entre la forma de la concha de vieira, el secular símbolo de los peregrinos, y el plano del viejo Santiago. Tomando ambas obtuvo la silueta aérea de la futura ciudad; el caparazón del molusco le inspiró las características de los edificios: superficies curvadas, como la concha, que combinan partes con estrías y partes lisas. Eisenman también insiste mucho en su pretensión de adaptarse a la afía del terreno, una colina que hoy es ocupada por un bosque. "Los edificios están literalmente encajados en el terreno", apunta, "para que la figura sea una fusión de las construcciones y de la topografía".
     
La Xunta espera iniciar las obras en el 2000 y concluirlas "en tres o cuatro años", según aventuró su consejero de Cultura, Jesús Pérez Varela. De momento, el Gobierno gallego no ha concretado cómo financiará la inversión prevista de 18.000 millones, para la que espera contar con patrocinio privado y de otras instituciones. Cuando se anunció el proyecto, hace unos meses, los ayuntamientos de otras ciudades gallegas y representantes de BNG y PSOE lo criticaron con dureza, al considerarlo un despilfarro que atribuían al supuesto deseo personal de Fraga de "construirse un mausoleo". Sin embargo, el Ayuntamiento de Santiago, que gobiernan socialistas y nacionalistas, apoya la iniciativa con entusiasmo, y concejales de ambos partidos acudieron ayer al acto de presentación.

Los más críticos con el proyecto, como el alcalde de A Coruña, el socialista Francisco Vázquez, aducen que en el último decenio Santiago ya ha recibido cuantiosas inversiones para infraestructuras culturales, que permitieron construir, entre otras cosas, un auditorio, un palacio de congresos, un pabellón multiusos y un museo de arte contemporáneo. El proyecto de la Xunta incluye ofertas nuevas -biblioteca, hemeroteca y los museos de la historia y las comunicaciones de Galicia- aunque, en algunos aspectos, duplica la que ya existe, como es el caso de un nuevo auditorio y de un palacio de la ópera que no se cita en los textos del Gobierno autónomo pero sí en los planos de Eisenman.

Deconstructivista y provocador

EL PAÍS, Madrid
Provocativo, valiente, proeuropeo, amado y odiado, deconstructivista nato y seguidor del Rayo Vallecano (en su última visita a Madrid, compareció ante la prensa con una bufanda de ese equipo al cuello: "Amo a los perdedores", dijo).

Todo eso y algunas cosas más es Peter Eisenman, una de las grandes estrellas de la arquitectura actual, un ideólogo de los edificios más que un simple constructor ("construir sólo es demasiado aburrido").

Artista muy próximo a las tendencias rompedoras de Frank Guggenheim Gehry, Rem Koolhaas y el japonés Arata Isozaki, Eisenman basa su arquitectura en los postulados filósoficos de lo fragmentario, que encarna su amigo el lingüista francés Jacques Derrida. Otro amigo, el español Luis Fernádez-Galiano, lo ha definido alguna vez como el Tarantino de la arquitectura: el más elogiado, pero rara vez le dejan trabajar.

"Yo quiero que me amen. No busco tener razón", dice él. "El mundo cambia a mi alrededor y mi arquitectura trata de reflejar ese cambio. Las fracturas de mi construcción no son nihilismo social. Sólo muestran la realidad segmentada de este mundo: la sociedad ya no se deja captar como un todo".

Eso lo dijo hablando de Richard Meier, un arquitecto que le parece "el mejor", admirable por su coherencia ("todo lo que hace es inconfundible"), y al que, a la vez, desprecia profundamente: "Trabaja desde el mismo centro del establishment.

Y yo no creo que se pueda mantener el mismo look durante 30 años".

Eisenman presume de hacer de cada obra un "artefacto crítico", una sorpresa en la que, como Miguel Ángel, lleva su filosofía al extremo. Una mezcla de geometría y lingüística, política y juego. "Mis edificios son muy americanos. Pero, paradójicamente, los entienden mejor en Europa. El arte está fuera de Norteamérica. Aquí, donde todo es entertainment, no triunfaré nunca: para los dueños de Nueva York soy igual a cero".


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