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Entrevista
a
E.
Norten y B. Gómez-Pimienta (*)
"La inseguridad de México condiciona la
arquitectura"
La
Vanguardia Digital. 21/10/98
ANATXU ZABALBEASCOA Oporto. Servicio especial
(*) Los dos
arquitectos recogieron en Oporto el primer premio Mies
van der Rohe de Arquitectura LatinoamericanaFrente a la imagen de una
arquitectura mexicana de volúmenes sencillos, materiales
pobres y colores cálidos que difundieron Barragán y sus
seguidores, Enrique Norten y Bernardo Gómez-Pimienta
construyen formas desarraigadas con medios técnicos
avanzados. Los dos arquitectos acaban de recibir en
Oporto, durante la celebración de la cumbre
iberoamericana, el premio Mies van der Rohe de
Arquitectura Latinoamericana, un galardón internacional
cuya sede está en Barcelona. El jurado valoró su
opción rupturista en un contexto y una tradición
miméticos.
¿Su fascinación por la tecnología es un medio para
conseguir cierta expresión formal o un esfuerzo por
hacer participar a México de una globalización
cultural?
Trabajamos en un país con una tecnología muy poco
desarrollada, y para poder construir la opción estética
que nos interesaba tuvimos que abrir camino. Esa
necesidad de sentar las bases se reflejó drásticamente
en alguno de nuestros edificios, luego las formas se han
ido suavizando y el uso vistoso de la tecnología ha
dejado de preocuparnos. Lo que nos interesaba no era la
apariencia tecnológica, sino la sofisticación que se
puede lograr con la tecnología.
¿No hay modo de actualizar las tradiciones
constructivas?
México tiene una tradición moderna impecable.
Desde muy temprano aceptó la modernidad arquitectónica
con sistemas constructivos nuevos y sólo en los últimos
años la abandonó para imitarse y parodiarse a sí
misma. La demanda del mercado exterior ha terminado por
asociar la mexicanidad a una manera pobre de construir y
a una forma algo folklórica de trabajar. Lo mismo ocurre
con la pintura y con la escultura. La gente espera que en
México se pinten hoy murales a la manera de Diego
Rivera, y eso es absurdo y no corresponde a la realidad
de nuestro país. Nuestro trabajo refleja mejor la nueva
realidad que esas costumbres artesanales.
¿Por qué? Sus trabajos podrían estar en cualquier
país.
Desde el punto de vista formal así es. Pero
nuestros proyectos hablan con un lenguaje universal sobre
las condiciones locales: la artesanía, los espacios y la
relación con la ciudad. Nos parece empobrecedor repetir
una imagen estereotipada de la arquitectura moderna
mexicana. México es un país complejo en el que conviven
edificios de adobe con proyectos como el nuestro de
Televisa. Sería absurdo limitar la arquitectura de un
país a un tipo único de construcción.
México DF superará los 25 millones de habitantes en
el año 2000. ¿Cómo
afecta eso a su arquitectura?
Este tipo de ciudad crece espontáneamente, de
manera desordenada, y por eso sólo entendemos dos
maneras de construir: los pequeños proyectos se
repliegan y, debido a la inseguridad en México, que
resulta un condicionante, se cierran a la realidad
exterior. Con los grandes tratamos de crear un hito
arquitectónico que contribuya a dotar de una nueva
identidad a una zona urbana. Organizar una ciudad que
crece a esa velocidad desde una arquitectura individual
es casi imposible. La ciudad de México es la suma de
muchas ciudades que conforman una gran urbe, y sólo se
puede intervenir en esa escala vecinal.
¿No es contradictorio que una arquitectura
tecnológicamente avanzada y
progresista como la suya se levante en guetos y deba, con
frecuencia, estar
protegida?
Muchos de nuestros edificios son públicos y están
abiertos. Ocurre que vivimos en una ciudad insegura en la
que, para que todo el mundo pueda utilizar un edificio
éstos deben estar protegidos.
¿Qué va a pasar con su arquitectura, pasada ya la
época de apuesta tecnológica del Gobierno Salinas?
Por el momento, trabajamos en la Universidad de
Princeton. Pero en México la iniciativa privada sigue
construyendo ahora mismo grandes proyectos, en los que
también participamos.
Vacunados por
las crisis
Enrique Norten (1954) y Bernardo Gómez-Pimienta (1961)
remataron sus estudios con prolongadas estancias en
Estados Unidos. A ese dato y a su juventud se asocia la
intención de modernizar y actualizar la arquitectura en
México. Proyectos como la Escuela Nacional de Teatro
(1994) o el edificio Televisa (1996), ganador del primer
Mies van der Rohe latinoamericano, han abierto un debate
entre los partidarios de conectar la arquitectura
mexicana con las corrientes internacionales y los
defensores de un tipo de construcción arraigado a
materiales, colores, volúmenes y soluciones locales. Los
dos arquitectos afirman que "estar habituado a las
crisis vacuna, y obliga a barajar soluciones ingeniosas y
rápidas".
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