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Bienal
Internacional de Arquitectura BA/98El debut de Fuksas fue
auspicioso

Casa de la Paz |

Edificio de
entrada a la Caverna de Niaux |
En lo que pudiera
llamarse la rutina de la Bienal hay ya nombres
conocidos y figuras que se han hecho familiares a través
de los años. Incluso se da el caso de algunos
arquitectos que no sólo reiteran su presencia sino
también las obras que muestran, pero esa es otra
cuestión.
Por eso resultó interesante y particularmente atractiva
la presentación del arquitecto italiano Massimiliano
Fuksas, quien con la ya proverbial simpatía de sus
compatriotas peninsulares y con un sentido del humor que
no había abundado hasta ese momento, concitó la
atención de la concurrencia.
Fuksas comenzó su disertación mostrando un trabajo de
sus alumnos. En una de las primeras imágenes aparecían
los estudiantes, sucios y pintarrajeados, simbolizando un
mundo contaminado y sin futuro. El trabajo consistía en
una ciudad proyectada bajo tierra, en la que se diseñó
desde la indumentaria hasta los cubiertos.
"La visión de la ciudad es dramática", dijo
Fuksas al glosar este ejercicio de sus alumnos, y agregó
que la única solución es que "La arquitectura debe
representar la ética, pensando en el futuro", y
esto se podrá lograr agregó- sólo si "los
arquitectos se comprometen con la ética y la
estética".
Uno siente que algo está mal, pero la pregunta es
¿cómo solucionarlo?. Escapar del problema no se puede
afirma Fuksas- pero hay muchos lugares en el mundo
que no tienen identidad, donde los habitantes no sienten
nada, y el mayor compromiso del artista con la ciudad es,
precisamente, darle su identidad.
Un clásico
Hay que señalar para ubicar a quienes no han
tenido contacto todavía con la obra de nuestro huésped-
que un proyecto paradigmático en su repertorio es la
entrada a la gruta de Nieaux, en los Pirineos franceses.
A medida que pasaban por la pantalla las imágenes de
este proyecto, Fuksas acotaba algunos apuntes tales como:
"Es como un animal primitivo que está irguiendo la
cabeza" o "Cuanto más avanza la arquitectura
contemporánea, más se asemeja a la escultura".
El acceso a la gruta es, básicamente, una plataforma de
madera con formas muy dinámicas y dos grandes planos
verticales de acero pintado de rojo. El conjunto dialoga
armónicamente con las laderas de la montaña y exhibe la
voluntad creativa de su autor.
Muchos de los espectadores no pudieron sino establecer un
paralelo entre las imágenes que veían con los diseños
de Clorindo Testa, y las palabras de Fuksas vinieron a
demostrar que el símil no era para nada caprichoso.
En efecto, en un diálogo que mantuvimos compartiendo un
café, Massimiliano se mostró entusiasmado con su
reciente visita a varias obras de Clorindo: el Banco (que
fue primero de Londres, después Lloyds, y hoy
Hipotecario) y la Biblioteca Nacional. Y puedo certificar
que esa admiración no era un "cumplido" sino
una genuina manifestación de reverencia para con un
creador de nivel internacional que trabaja en un confín
del planeta.
Gran escala
Si uno se detiene en la visión de la entrada a la
gruta y en sus comentarios acerca de Testa, podría
suponer que estamos delante de un artista alejado de los
grandes emprendimientos y los programas que encaran los
estudios del star-system.
Pero no es así. En primer lugar, Fuksas tiene en
funcionamiento simultáneo tres estudios: uno en
Roma, otro en París y el tercero en Viena. Y hay no
menos de doce colaboradores en el menor de esos
despachos, lo que da una idea del trabajo que Fuksas
desarrolla en la actualidad.
Precisamente, al referirse a la escala de las obras que
tiene entre manos, Massimiliano se ufana al hablar de la
Torre de Viena, que tiene 150 metros de altura y una
superficie cubierta de 165.000 metros cuadrados.
Sin embargo, el tamaño de los edificios o
complejos edilicios- no altera su severa formación
artística y su rigurosa preocupación por la actitud
ética y la resolución estética.
Al reiterar su admiración por Clorindo Testa y sus
obras, Fuksas se despide con una frase que ratifica su
obstinada posición conceptual: "Los artistas, en
general, están mucho más adelantados que los
arquitectos", y otra que también contribuye a
revelar su personalidad: "Antes de intervenir en un
lugar, hay que saber cuál es el alma de ese lugar y
nuestro trabajo es entenderlo". Y tiene razón.
Por Luis J.
Grossman, arq.
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