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Argentina en Hannover
Arq. Luis J. Grossman
En
el Decreto N°375, publicado en el Boletín Oficial el jueves 11 de mayo de este año, el
Gobierno declaraba de interés nacional la participación argentina en la Exposición
Universal "Expo 2000" a realizarse en Hannnover entre el 1° de junio y el 31 de
octubre del año 2000.
Ese Decreto, que firman en ese orden De la Rúa, Terragno y López Murphy, asignaba
la responsabilidad de llevar adelante la organización y participación en el referido
evento, a la Jefatura de Gabinete de Ministros.
Ya que hacemos historia, aclaremos que un Decreto similar (declarando
de interés nacional la participación argentina en Hannover) se había promulgado el 24
de marzo de 1999, y que mal aconsejado, el actual gobierno lo derogó por Decreto 151 del
18 de febrero de este año.
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Buena decisión
Todo esto está asentado en los considerandos
del Decreto 375 y sirve para reconocer la madurez de los funcionarios que, estudiada la
posibilidad de reducir los costos y reasignar partidas presupuestarias, tuvo el coraje de
rever la decisión de tres meses atrás y aventurarse en el riesgo de levantar un
pabellón en menos de veinte días.
Y atención, que en este caso la frase "levantar un pabellón" equivale a
una ya conocida secuencia de pasos que, si se sigue según las pautas tradicionales,
darían término (con suerte) en la fecha prevista para el cierre de Hannover 2000.
Se trataba, entonces, de quemar etapas y acudir a profesionales muy experimentados
(de aquí y de allá) para terminar en tiempo y forma un producto que tuviera la
presentación digna de un país que se promueve de cara al mundo.
El llamado abarcó, entonces, a tres de los más reconocidos estudios
especializados en arquitectura de exposiciones: Dodecaedro S.A., Expobaires S.A. y Lawb
Diseño. El objetivo adoptado como lema fue concretar "una misión gigantesca en
tiempo récord", según afirmaron los arquitectos Pablo de Witte, Alejandro Blistein
y Martín Stagnaro.
En Alemania se contó con la colaboración de Tom Keller, un avezado técnico local
que ayudó a adaptar un diseño preconcebido en Argentina a las condiciones vigentes en
ese país.
Para resolver la gráfica se procedió de un modo análogo, pero aún más
expeditivo. Tanto el logotipo como el isologotipo del país estuvieron a cargo de CIAC, el
estudio de diseño gráfico e identidad corporativa del reconocido comunicólogo español
Joan Costa, mediante la participación de su filial en Buenos Aires, logró concretar en
un tiempo increíble lo que representa el espíritu de la presencia nacional a pocos días
de que se inaugurara la exposición.
Y aún cuando el pabellón no estuvo terminado el mismo día de la inauguración
oficial, poco después se ponía en marcha una instalación que no sólo responde a los
niveles de calidad y buen diseño requeridos sino que es una atracción genuina para
varios miles de visitantes por día.
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El pabellón argentino
El año pasado, a partir del ya citado Decreto
de marzo, la Argentina reservó (y abonó por el adelanto respectivo) un predio de 1500
metros cuadrados dentro del Hall 21, un gran espacio que sería compartido por otros
países latinoamericanos.
De esa superficie se destinaron 900 metros cuadrados para una plaza pública. Los
750 metros cuadrados cubiertos se componen de un auditorio para 220 personas, un área
para muestras y un volumen de dos plantas, de metal y cristal, destinado a Business
Center, con oficinas en dos niveles y dos salas de reuniones para 15 personas cada una.
La atracción del espacio argentino está confinada en gran medida a hechos
artísticos: en el auditorio se proyecta un fascinante audiovisual realizado por Carlos
Pelli (hermano de César que es una figura descollante en la creación y realización de
estos trabajos) y hay además un show de tango con parejas de baile profesionales.
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Hay
muy buenas ampliaciones fotográficas y una serie de transparencias se convirtieron en
cilindros con luz interior que limitan en parte el espacio de la plaza. Otro elemento de
partición espacial es una serie de macetones con árboles que completan la imagen de la
plaza y añaden la genuina presencia vegetal entre los referentes figurativos de nuestro
país.
El piso de la plaza es adoquinado, con la idea de reproducir la atmósfera de un
recinto urbano de San Telmo que se conecta con un típico bar porteño. Este, con piso de
tablas de madera clara y mostrador y respaldo de madera oscura, servirá para que los
visitantes degusten vinos argentinos mientras observan (cosa que fascina a los europeos y
a los alemanes en particular) bailar el tango en un estrado de madera situado entre el
territorio del bar y la plaza.
Salvo en la prolija terminación de los detalles y en la realidad del audiovisual,
no hay alardes tecnológicos. Pero al respecto los arquitectos argentinos y el comisario
del pabellón, licenciado Juan Carlos Rabbat, señalan que el lema de Hannover 2000
postula: Humanidad-Naturaleza-Tecnología: Nace un nuevo mundo. Y nuestro país
se hace presente con el acento puesto en los dos primeros puntos (ya que otros países han
hecho un uso abusivo de efectos especiales que saturan al público) y una frase expresada
en varios idiomas: Argentina, un país para visitar mientras los grandes cilindros
luminosos exhiben las bellezas naturales del país.
Todo esto se logró a un costo que es diez veces menor al más sencillo de los
pabellones de la Expo 2000 de Hannover.
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