La Iglesia Parroquial de Ushuaia
"... Pues he contraído mayores responsabilidades y echado sobre mí mayores trabajos, suspendí la construcción de la casa que debía servirme como de habitación y empleé los fondos para ella en la compra de las maquinarias necesarias para el establecimiento de un aserradero en condiciones tales que pudiera producir la madera necesaria para construir edificios, y fuera después una fuente de renta para suficiente para hacer menos gravoso al erario público el sostenimiento de este rico pedazo de suelo argentino". Así se expresaba a fines de siglo XIX, el emprendedor gobernador Pedro Godoy, quién entre otros proyectos- concretó la construcción del primer templo católico de Ushuaia, obra que fue realizada entre 1896 y 1898. A simple vista, el edificio prismático de madera y chapa de hierro con techo a dos aguas asemejaba a uno de los tantos galpones o depósitos que se encuentran diseminados en la ciudad. Esta consideración se encuentra en parte justificada, pues la característica torre del campanario había desaparecido, presumiblemente por colapso estructural del endeble armazón. Recordemos que luego de inaugurado en nuevo templo (1949), el antiguo edificio fue utilizado como comercio de carnicería, años más tarde como almacén y mercado (1977), y más recientemente como depósito. Resulta muy posible que la falta de un adecuado y permanente mantenimiento haya afectado la estructura de madera y chapa, agravada por la influencia de los fuertes vientos reinantes en la zona, siendo precisamente la torre de catorce metros de altura la más afectada. El resto del conjunto mostraba las patologías propias de los edificios de madera en estos casos. Una inclinación hacia el borde lateral de la fachada SO denotaba que había cedido en parte la fundación, compuesta por entramado de tirantería de lenga sobre zoquetes o rollizos de madera implantados sobre el terreno natural. Algunas chapas de hierro onduladas del revestimiento exterior y la cubierta también mostraban el ineludible paso del tiempo y la rigurosidad del clima austral. Al ingresar al antiguo edificio, la falta de ornamentos religiosos y elementos decorativos que supo tener testimoniaban el estado de reclusión por décadas que sufrió el templo. Nos obstante, el sentirse cobijado bajo el mismo techo que nuestros antepasados incitaba a percibir cierto clima de nostalgia y emoción. Espiritualidad pura para los católicos, o simples recuerdos en otros. Lo que sí resultaba seguro, la sensación experimentada frente a un testimonio del pasado de centenaria existencia- el sólo hecho de saber que los salesianos de fin de siglo XX iban a ser consecuentes con sus tradiciones tomando para sí el desafío de su puesta en valor sin duda nos conmovía. De esta forma, el pasado daba sentido y entidad al presente a través de uno de los bienes más preciados del hombre, la memoria, y al conservarla se realiza un acto de fe en el futuro. Tomada la decisión, por iniciativa del padre Horacio Gutierrez director de la Institución Salesiana de Ushuaia- Trazadas a grandes rasgos las ideas principales de cómo encarar la obra, se priorizó la reconstrucción de la torre del campanario. La elección no fue casual. Rápidamente se buscaba devolver a Ushuaia la silueta de la iglesia perdida como imagen urbana costera, y de esta manera convertirla nuevamente en objeto referente y convocante de la comunidad. Adjudicado el mismo, el 1° de agosto se firma el contrato con el estudio de la Arq. Teresa Martínez y el Ing. Rafael Fank, que incluyó además de la torre, la restauración de la fachada del edificio. El presupuesto de la primera etapa ascendió a $ 23.340,99. La Arq. Martinez comenta un hecho que más adelante volvería a reiterarse: "Dado que no se contaba con planos originales del edificio, el diseño de la torre debió elaborarse íntegramente en base a fotografías antiguas. De las mismas hubo que determinar alturas, dimensiones de las carpinterías y posición de elementos ornamentales exteriores". Se concluyó que la altura total de la nueva torre sería de 14,50 mts. y la planta cuadrada de 2,40 mts. por lado. Para fines de setiembre de 1997 se concluye la torre. En agosto de 1998 se decide continuar la obra procediéndose a la submuración con hormigón armado de los paramentos laterales. Se reponen las carpinterías de madera faltantes, a la vez que se consolida la estructura interior de los muros. Por fortuna el machimbre del piso se encontraba en buenas condiciones, por lo que sus piezas de 3 pulgadas de ancho, 1 pulgada de espesor y 3 mts de largo fueron pulidas y plastificadas. Lo mismo sucedió con el hermoso cielorraso de chapa estampada, el que requería pintura. Los muros interiores fueron revestidos de placas de yeso cocido y encintadas para recibir la posterior pintura o el empapelado del sector superior. Se reconstruyó la escalera de madera de acceso al entrepiso del coro, a la vez que se completaron reparaciones menores en el sector de ingreso. Se adoptó como sistema de calefacción el compuesto por caldera de agua caliente domiciliaria y radiadores seccionales cuyo diseño y funcionalidad se presentaban acordes al lenguaje del edificio. Esta etapa de la obra insumió $ 34.462,70. El templo supo tener en su época campanas y sendos relojes en las caras NE y SO de la torre, pero pensar en su reposición era prácticamente como comenzar de nuevo. Tal vez por más de cincuenta años los fueguinos no habían oído sonar las campanas de la antigua iglesia. Traer los sonidos nuevamente para deleite de la población fue otro de los desafíos que hubo de superar. Instalar allí un sistema de campanas de bronce tal como lucen en los antiguos templos resultaba demasiado oneroso. Se trató de obtener información sobre una solución alternativa que pudiese cumplir noble y eficientemente su fin. La búsqueda al fin, tuvo su cuota de éxito. Se recurrió a los servicios de un experto en construcción y reparaciones de relojes de torres y grandes edificios. Hugo Duarte, de 68 años de edad y relojero desde los 7 años y especialista en grandes relojes en los últimos 10 años, fue el jefe del equipo de 4 personas encargado de tal tarea. La máquina del reloj es un sencillo motor eléctrico, que a intervalos de tiempo predeterminados se acciona y mueve por instantes el mecanismo, y un sistema de comandos que controla los cuatro cuadrantes. El mecanismo es a cuarzo con alimentación de 220 volts y una reserva de energía para aproximadamente una semana, para el caso de eventuales cortes de energía. Su tamaño es muy reducido y el peso, nomás de 30 kg. Asimismo, el padre Gutierrez aprovechó para hacer colocar un sistema similar en el templo más nuevo, ya que desde hacía muchos años tampoco funcionaba. Además de los relojes y el dispositivo del nuevo campanario, se proveyeron los artefactos de iluminación, se construyeron las veredas, los zócalos, revestimientos y empapelado en el interior del edificio, se encagaron 4 vitraux para formar una antesala en el acceso y se adquirieron las 100 sillas que constituyen el equipamiento. Entre octubre y noviembre se concreta la ejecución de la pintura exterior, la cubierta, paredes y las carpinterías. Así como el edificio fue construído sin planos conocidos, el Ing. Fank comenta cómo se llevó a cabo la tarea de reconstrucción del altar y retablos de madera tal lo vieron nuestros antepasados: "No contábamos con documentación técnica relativa al detalle del retablo que ornamentaba el altar relata Fank-. Por eso recurrimos nuevamente a los padres salesianos en la búsqueda de antecedentes, lo mismo que a los archivos del Museo del Fin del Mundo de Ushuaia. Allí obtuvimos fotografías de ceremonias sociales o religiosas celebradas hace muchos años donde al fondo lucía espectacularmente el altar". La obra estaba llegando a su fin y la alegría y ansiedad se transmitía a todos. Volvíamos a recuperar uno de los bienes culturales más reconocidos de la ciudad, y con ello, una parte importante de la historia. Finalmente, el 24 de diciembre de 1998 se celebró la reinauguración del templo con una misa muy emotiva, donde los salesianos, autoridades, invitados especiales y antiguos pobladores colmaron sus instalaciones. El vicario episcopal de Tierra del Fuego, monseñor Eugenio Peyrou, coronó la bendición del templo proclamando: "Me encuentro a gusto en tu casa, Señor. Deseo que te encuentres a gusto en la mía...". Cabe agregar, que a través de un proyecto efectuado por el autor de esta nota y elevado a la Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos, la Iglesia Parroquial de Ushuaia fue declarada monumento histórico nacional en base a su inclusión el decreto del P.E.N. N° 064/99. |
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