Bienal Internacional de Arquitectura BA/98 ...Y el debate siguió Las dos jornadas finales de la BA/98 comenzaron con un estallido previsible: durante el workshop del lunes por la mañana, Wolf Prix se retiró intempestivamente del panel luego de escuchar las definiciones de Leon Krier acerca de la tarea de los arquitectos. La neta oposición entre las posturas de ambos profesionales que ya se había notado el domingo llegó así a su extremo. Por la tarde, los asistentes a las conferencias en el teatro Coliseo aplaudieron charlas como la del prestigioso editor Andreas Papadakis, en la que el tema de la catástrofe fue el elegido para disparar ideas acerca de la crisis como una instancia de la creación y exponer una visión esperanzada del futuro de la disciplina en el nuevo milenio. Itsuko Hasegawa sorprendió con sus imágenes y lenguaje, en donde los objetos construidos se apoyaban suavemente sobre el omnipresente paisaje. Sin dudas, el equilibrio fue la constante en un discurso austero, que recordó a la filosofía zen y se diferenció de otras arquitecturas más emparentadas con la pompa que con el respeto al entorno. Tal como sucedió durante toda la Bienal, el prometido break nunca existió, debido a lo apretado de la agenda de conferencias, circunstancia que también mereció la queja de algunos panelistas. El tema merece ser tenido en cuenta para las próximas ediciones del encuentro, pues el público se vio muchas veces obligado a desistir la escucha de algunas charlas luego de tantas horas ininterrumpidas de concentración. Y al final, llegó la estrella del día: Zaha Hadid. A sala llena, la polémica arquitecta mostró varios de sus últimos proyectos y obras ante un público fascinado por la seducción innegable de sus dibujos, pero confundido por la dificultad de su lectura. Ciertas frases y actitudes de la diva fueron interpretadas por algunos asistentes como despectivas hacia los habitantes de esta región del mundo, pero la obra exhibida no defraudó en absoluto a quienes esperaban con ansia a una de las profesionales más personales de la actualidad. En la que resultó una de las mejores conferencias del ciclo, el viernes el colombiano Laureano Forero comenzó con temas como las esquinas de los edificios, el paisaje creado en las terrazas considerando a los remates como una nueva e inexplorada condición de urbanidad- y la resolución de edificios de cuño moderno, arraigados sin embargo a la tradición latinoamericana en sus materiales y proporciones. Un edificio destinado a la cultura y el deporte, situado en un violento barrio de Medellín fue el primer argumento para ejemplificar la principal preocupación de Forero: recuperar la dignidad y la identidad de los habitantes de las ciudades por medio de la arquitectura y el urbanismo. El rediseño de la plaza central de un pueblo, la remodelación de un boulevard sobre una quebrada y la creación de una estructura urbana para las villas miseria de Medellín justificaron la frase final del arquitecto: "el mayor premio es ver la felicidad de los chicos de los barrios marginales". La Bienal terminó luego de la exposición de Justo Solsona, con la entrega de premios de todos los concursos y un escenario colmado de personajes, los integrantes de los jurados internacionales. Quizás esta imagen final pudiera resumir en sí la gran importancia que ha adquirido la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, uno de los mejores encuentros de arquitectos de la actualidad mundial. Marcelo Rizzo, Arq. |
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