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Bienal Internacional de Arquitectura BA/98

No pocos son los que definen a la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires como el foro más importante de la especialidad. Y por cierto que esta afirmación no es antojadiza.

Desde su primera edición, la Bienal se presentó como una oportunidad única de reunir en una ciudad tan alejada de los centros internacionales a los creadores de vanguardias, a los clásicos y a los más importantes teóricos de la arquitectura. Y muchos de los jóvenes estudiantes de aquellos años pudimos acercarnos a ellos, formándonos en lo mejor de la disciplina.

Tras el largo período de inactividad en la construcción, nuevas obras surgieron en la Argentina de los noventa. Los arquitectos debimos actualizar rápidamente nuestros conocimientos en sistemas constructivos, a la vez de aprender técnicas de marketing para operar en una realidad diferente y competitiva.

Hoy, muchos apuestan a reducir el rol del arquitecto hasta constituir sólo una pieza más de la maquinaria económica, olvidando componentes esenciales de la profesión, como su destino social y hasta su cualidad artística.

Es justamente en este último ítem que se destaca la tarea del profesor Jorge Glusberg, quien nuevamente apuesta a la arquitectura como lo que es, un arte mayor. Como lo hizo durante toda su trayectoria, continúa apoyando la carrera de los consagrados y fomentando el surgimiento de los jóvenes desde el Museo Nacional de Bellas Artes, un ámbito en el que antes la disciplina no era considerada importante.

La mención del iniciador de la Bienal no es casual. A punto de comenzar la séptima edición BA/98 –última del siglo- es menester reconocer que no ha sido poco el mérito de transformar a Buenos Aires en uno de los principales centros de la arquitectura mundial, en una cita a la que los mejores no quieren faltar.

Y en este final de siglo caracterizado por el pragmatismo, la confusión y la decepción, reflexionar acerca de la arquitectura no será un tema menor. En la Bienal estará presente el hábitat como un sitio para la expresión artística, como una manifestación de ideologías y –sobre todo- como el contenedor de la vida humana.

Marcelo Rizzo, Arq.


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